Cuando oramos nos estamos limitando a palabras escritas que después de leer y aprender, no nos dejan ni respuestas, ni alivio alguno.
Si hablamos y expresamos a diario las cosas que nos dictan la impaciencia y la vida cotidiana, cuando participamos con Dios en su diaria universidad y nos comunícanos con su presencia a través de ser más que un discípulo de nuestra enseñanza inmadura, aquella que nos recuerda lo que somos y que no deberíamos ser…
La mayoría de nosotros nos vemos aparte de Dios. Ajenos a su amor y su misericordia, no como parte de él.
Si pensamos en nuestro padre o madre, lo hacemos con limitaciones de expresar lo que sentimos por ellos poniendo un muro de “respeto” y esperamos que adivinen que los amamos? Claro que no!
Así mismo, Dios que es nuestro padre, espera que nos acerquemos a él con palabras francas y sin rejas para nuestros sentimientos. Cuando le expresamos lo que sentimos, nuestros temores y anhelos, alabamos su grandeza. Todas nuestras dudas se disipan cuando le damos la bienvenida a Papá Dios. Es como si lo dejamos participar de su creación.
Si podemos confiar en un amigo las decisiones de un día, por que no confiar nuestra vida entera a Dios…
Oremos!
Lo demás llega por añadidura.
0 comments:
Post a Comment